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[El Cartucho de Relleno] La batalla contra el último coloso: Malus

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Cuando culminé la ascensión y miré a mi alrededor, me di cuenta de que todo había cambiado. El cielo se había ennegrecido y brillantes rayos centelleaban entre las nubes. Fuertes ráfagas de viento azotaban mis ropajes y punzantes gotas de lluvia arañaban mi cara. Parecía que el propio Dios de los cielos estuviera ordenando que me detuviera y dejara lo que estaba a punto de hacer. Pero ni su furiosa voz podía detenerme ya: estaba demasiado lejos.

Había llegado a aquellas ignotas tierras con poco más que mi salud, una antigua espada y mi caballo. De mi salud apenas quedaba mucho, pues cada día me sentía más cansado y mi piel blanquecina estaba llena de arañazos y morados. Mi espada, si algún día tuvo alguno, había perdido todo su brillo y numerosas muescas en su hoja quedaban como cicatrices de las batallas luchadas. Y mi caballo... solo pensar en Agro estuvo a punto de arrebatarme las últimas fuerzas que aun me tenían en pie. Hace unos minutos lo había visto caer después de salvarme de una muerte segura.

Me acerqué las manos a la cara para alejar de mí aquellos sombríos pensamientos. Levanté la cabeza y encaré los escalones que se alzaban ante mí. Uno a uno los fui subiendo y, cuando alcancé el último, entonces lo vi.


Allí estaba, majestuoso, el último de mis enemigos. Podría ser, sin lugar a dudas, el más grande de todos los colosos a los que me había enfrentado ya. De forma humanoide, permanecía en pie al fondo de una basta extensión de hierba salpicada aquí y allá por pequeñas construcciones de piedra. Vestía una especie de falda de la cintura a los pies, y el torso desnudo hasta la cabeza. A aquella distancia no pude distinguir nada más, solo unos aros luminosos en su muñeca derecha y hombro izquierdo y sus ojos dorados que me observaban desde la lejanía.

Cuando nuestras miradas se encontraron, supe que él también me había reconocido. Vi como alzaba su mano izquierda y me señalaba con uno de sus largos dedos. Una pausa tensa se elevó en el ambiente y, de repente, de su dedo surgió una bola de luz disparada directamente hacia el lugar donde yo me encontraba. Sin apenas tiempo para reaccionar, intente apartarme, pero fue en vano. La bola de energía impactó en el suelo a pocos pasos de mí, justo donde estaba instantes antes, y la onda expansiva me lanzó volando por los aires, dejándome aturdido en el suelo tras la caída.

Por un momento permanecí conmocionado, ciego y sordo a la vez, hasta que mis brazos y piernas volvieron a responderme. Otros colosos ya me habían disparado bolas de energía como esa, pero ninguna tan potente. No sabía a ciencia cierta si sobreviviría a un impacto directo con otra de ellas, y tampoco me quedaban energías para comprobarlo.

La fuerza de la explosión me había arrastrado a los pies de una columna que se encontraba a la derecha de la escalera por la que había subido lo que, momentáneamente, me dejaba fuera de la vista del coloso y, por lo tanto, fuera también del alcance de sus demoledores disparos.


Miré a mi izquierda y a mi derecha e incluso me atreví a asomar la cabeza para ver qué podía hacer para acercarme al coloso. Delante de mí se extendía un tramo de hierba al descubierto, pero correr alocadamente hacia adelante estaba totalmente descartado.

Un poco más a mi derecha vi unas columnas de piedra y, en su centro, una abertura en el suelo. No tenía forma de calcular la profundidad del agujero, pero comprendí que era la única manera que tenía de avanzar. Recogí fuerzas y tras contar hasta 3 salí corriendo de mi escondite y me lancé de un salto al vacío. Justo cuando caí al suelo de piedra, a no más de 4 o 5 metros de profundidad, otra bola de energía impactó contra el suelo allá arriba. Suerte que mis piernas aun no me habían fallado.

Cuando miré a mi alrededor, me di cuenta que el agujero dónde había caído era la entrada a un pasadizo subterráneo que se adentraba en la tierra en dirección al coloso. No podía ver el final del pasillo, pues la luz era demasiado tenue allí abajo, pero me adentré en él sin dudarlo. Después de algunos pasos, el pasillo giraba abruptamente a la izquierda y al llegar al final, se habría de nuevo a la superficie, como si de una trinchera se tratase.

Guiado por mi instinto seguí avanzando y, al llegar al final del pasillo, vi que unas piedras amontonadas permitían de nuevo salir a la superficie. Allí me esperaría de nuevo el coloso y sus mortíferos disparos, pero tenía que enfrentarme a él. Ascendí las piedras y, al salir a la superficie me parapeté detrás de una especie de almena construida con piedra en el suelo. La almena tenía una abertura horizontal que me permitió observar hasta donde había avanzado y cuánto me quedaba para mi objetivo: el coloso aun quedaba lejos como para lanzarme a la carrera hacia sus pies.


A mi derecha se alzaban tres almenas más, separadas por una distancia suficiente para poder ir corriendo de una a la otra, y así lo hice. Preparándome antes de cada sprint, fue protegiéndome detrás de cada una de ellas de los disparos que el coloso lanzaba contra mí en cuanto me tenía a la vista. Al llegar a la última almena, vi que más a mi derecha se habría otro agujero de piedra en el suelo rodeado por sendas columnas. Ese debía ser el camino: una última carrera y otro salto y de nuevo estuve bajo tierra, momentáneamente a salvo del coloso.

El pasillo subterráneo se extendía esta vez perpendicular a mi objetivo y estaba tan oscuro como el anterior. No tuve más remedio que echarme a correr por él hacía la luz que vislumbraba al final. La corriente allí abajo era muy fuerte y sobre mi cabeza escuché varias explosiones, como si mi enemigo intentará alcanzarme con sus disparos, aun a través de la dura roca.

Cuando llegué al exterior, me di cuenta que había llegado al borde de la planicie donde se encontraba el coloso. Me encontraba a un nivel inferior al de la superficie por lo que aun estaba a salvo, así que decidí seguir adelante bordeando la roca. Tuve que escalar sobre un saliente y saltar un precipicio, pero cuando llegué al otro lado, vi que otro túnel se habría en la roca en dirección a mi enemigo. Avancé por él y, tras escalar por una pared, salí de nuevo a la superficie, con la suerte de estar cerca de otra almena como las anteriores. Eso sí, al mirar hacia delante, me di cuenta de que ya apenas me bastaban unos metros para alcanzar los pies del coloso. Solo unos metros, pero que tampoco podría recorrer directamente.

A mi derecha, de nuevo, vi la misma sucesión de almenas y, al final, otra abertura en el suelo. Sin dudarlo, pero con la suficiente, precaución fui de una a otra y acabe saltando de nuevo en el agujero. Una vez abajo, avancé por el pasillo que se extendía delante de mí, subí por unas escaleras y de nuevo salí a la superficie pero, esta vez, emergí directamente debajo del coloso, junto a sus pies. Al fin había llegado.


Miré hacia sus gigantescos pies y observé que, al igual que el resto de sus piernas, eran de dura roca. Gracias a esto, el coloso no podría mover sus piernas para aplastarme, pero esto también me obligaría a subir si quería encontrar el punto débil de mi enemigo. La falda que cubría sus piernas también era de roca y, por lo que pude ver desde ahí abajo, se estrechaba en pisos que ascendían hasta su cintura. El más bajo de los pisos quedaba casi a ras de suelo, así que di un salto y me encaramé a él.

Con mucha cautela fui escalando piso tras piso por la falda del coloso. La estructura de los escalones no era regular, así que tuve que ir buscando la mejor forma de continuar mi subida. No me atreví a mirar abajo mientras ascendía y perdí la cuenta de cuanto estaba subiendo... solo sabía que era mucho.

Al final, casi sin darme cuenta, llegué a la parte superior de su falda. Tenía no más de dos palmos de ancho, pero era más que suficiente para que me pudiera tener en pie e, incluso, caminar por ella. La cintura del coloso quedaba allí al descubierto, dejando a la vista el espeso pelo gris que cubría su dura piel.

Desenfundé mi espada como había hecho otras tantas veces. La experiencia me había enseñado que los puntos débiles de los colosos brillaban cuando tenían cerca la presencia de la espada sagrada. Lentamente fui dando la vuelta por su cintura y, una vez en la base de su espalda, una cicatriz en su piel se encendió de repente con una luz verdosa. Para mi desgracia no se trataba del sello sagrado a través del cual podría derrotar al coloso, pero al menos me daba una oportunidad para herirlo. Me encarame a su denso pelaje y lo apuñalé con todas mis fuerzas en la verde cicatriz.


En cuanto la punta de mi espada se introdujo en su carne, el coloso estremeció todo su cuerpo y vi como desplazaba su mano izquierda hacia donde yo me encontraba. Por un momento temí que fuera a aplastarme con su enorme mano, pero su brazo de carne y piedra solo alcanzó a quedarse a escasos centímetros de mí, pero sin tocarme. Intentaba agarrarme, pero la rigidez de su cuerpo se lo impedía.

Observé que su mano también estaba desnuda y cubierta del oscuro pelo y, siguiendo un repentino impulso, salté y me agarré de los pelos en la palma de su mano, dejando la relativa seguridad de su espalda.

En cuanto el coloso sintió mi peso en su mano, la levantó lenta y pesadamente hasta la altura de sus ojos y empezó a zarandearla para hacerme caer. Mientras, yo me agarré como pude a su pelo intentando por todos los medios no caerme. Tras dos violentas sacudidas, llegué a perder la consciencia de donde era arriba o abajo, haciéndome pensar que quizá no había sido buena idea subir hasta allí pero, por sorpresa, me encontré en cuclillas en el dorso de su gigantesca mano.

Hubo una pausa y pude levantar la cabeza. Cuando lo hice, me encontré directamente con la mirada de mi enemigo, noté toda su furia clavada en mi piel y comprendí que tenía que bajarme de su mano cuanto antes. La ruta de escape era la más obvia: a través de su brazo. Sin dudarlo, me lancé a la carrera por su antebrazo forjado en piedra y me encaramé de un salto a la peluda piel de su brazo por encima del codo.

Una vez allí, me di cuenta de que había llegado a un callejón sin salida: justo encima de mí, antes de llegar al hombro, se encontraba el aro de luz y piedra que había visto en el coloso la primera vez que lo miré y, por encima de él, estaba su hombro desnudo. Si lograra alcanzarlo, tendría vía libre hasta la cabeza del gigante donde, quizá, se encontraría su punto débil. Pero el camino hasta su hombro estaba bloqueado.


Agarrado al grueso pelaje de su brazo, intenté moverme alrededor de él para ver si encontraba la forma de flanquear el obstáculo, cuando observé que allí en el brazo se encontraba otra cicatriz verdosa como la que ya había apuñalado en su cintura. Nada tenía que perder, así que alcé mi espada y la clavé con todas mis fuerzas. El pinchazo volvió a estremecer al coloso y lentamente acercó su mano derecha a mi posición para intentar agarrarme, momento que aproveché para saltar y encaramarme a su otra mano.

La situación volvió a repetirse: alzó su mano hasta la altura de los ojos y me zarandeó para hacerme salir despedido. Me agarré precariamente y conseguí subir al dorso de su mano para buscar una salida.

Justo a mi izquierda, en su muñeca, otro de los anillos luminosos me cortaba de nuevo el paso. Miré hacia su pecho de roca y barajé la posibilidad de saltar hacia él y agarrarme, pero estaba demasiado lejos. ¿Había llegado tan alto para no poder alcanzar al coloso? “No”, me dije, e intenté algo que con otros colosos me había dado resultado: saqué mi arco e intenté disparar flechas contra él. Disparé primero una flecha contra su pecho, pero rebotó inútilmente contra la piedra. Preparé otra flecha y disparé contra su cara, con el mismo resultado. Preparé una flecha más, tensé el arco y… mi enemigo dio una sacudida para zafarse de mí.

Solté precipitadamente la flecha, que salió disparada sin haber apuntado a ningún sitio y me agarré en el último momento a la mano del coloso. Escuché un rugido de dolor y noté como llevaba su mano, en la que yo me encontraba, hacia su hombro derecho donde, como pude ver, se había clavado mi extraviada flecha. Aproveché el momento y salté hacia él. Caí rodando precipitadamente, pero pude agarrarme y frené mi caída. Al fin estaba allí, en su hombro, lo había conseguido.


Noté como el coloso se debatía debajo de mí mientras avanzaba por su cuello, moviendo los hombros hacia un lado y otro para hacerme caer, aunque sin éxito. Me arrastré hacia su nuca, subí por su cabeza hasta estar completamente encima de él y vi que allí estaba el sello sagrado, tatuado en su cabeza y brillando blanquecino ante la presencia de mi espada.

El resto... quizá fue lo más fácil. El coloso empezó a mover salvajemente la cabeza de izquierda a derecha y de adelante a atrás para tirarme, pero me agarré con todas mis fuerzas a su pelo y, tras cada pausa en sus sacudidas, reuní fuerzas y apuñalé con mi espada el sello en su piel: una, dos y todas las veces que fue necesario.

A cada puñalada la sangre manaba a borbotones de la herida y el coloso rugía de dolor, tan fuerte que casi podía sentirlo en mis huesos... hasta mi último ataque. Cuando lo recibió, noté como, de repente, su cuerpo perdía rigidez: sus piernas fallaron y reposó su cuerpo sobre la falda de piedra y sus brazos cayeron inertes a sus costados. El golpe fue fuerte, pero logré mantenerme en lo alto de su cabeza.

Sin fuerzas, me agaché y respiré hondo. ¿Había acabado todo? Se me había encomendado la imposible misión de derrotar a 16 colosos y lo había hecho. ¿Cumpliría su promesa y me devolvería la vida de mi amada? ¿Eran necesarios tanto sufrimiento, dolor y sacrificio? Los colosos, ¿mis enemigos?, ¿merecían el destino que mi espada les había deparado?


Mientras pensaba todo esto, me puse en pie. El cuerpo del coloso, como los otros, se había ennegrecido rápidamente y unas columnas de humo negro se elevaban hacia el cielo desde su cuerpo. Las miré, detuvieron su ascenso y, una última vez, se precipitaron hacia mí clavándose como flechas en mi pecho. Toda la tristeza y dolor del coloso me invadieron. Todo se volvió negro. Una luz. Una voz.

Perdí el conocimiento con un solo sentimiento en mí: la esperanza de que todo hubiera servido para algo.

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Llevaba mucho tiempo queriendo dedicar un post a mi juego favorito por antonomasia y el otro día encontré al fin la manera de rendirle un digno homenaje, aprovechando también que pronto caerá en mis manos su golosa reedición HD.

Pido perdón por el tocho y por los spoilers para aquellos que no lo hayáis jugado pero... era necesario ;)

Las imágenes las he sacado de DeviantArt, si pincháis en ellas podéis verlas en la página de su autor.

[El Cartucho de Relleno] Todo lo que querías saber sobre los sistemas de clasificación del contenido en videojuegos

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No es raro oír hablar en los medios de videojuegos violentos, sexistas o con lenguaje soez y cómo afectan a nuestros jóvenes jugones. Para determinar qué juegos son aptos para todos los públicos y cuáles no, existen los llamados sistemas de clasificación de contenido.

Hoy, en El Cartucho de Relleno, veremos cuáles son los más importantes a nivel mundial y cómo funcionan, además de preguntarnos si de verdad sirven para algo...

Durante toda la historia de la industria de los videojuegos han habido y seguirán habiendo videojuegos que, por alguna u otra razón pueden no ser recomendables para cierto tipo de público. Así como parece de sentido común no dejar que un niño de 3 o 4 años se vea una peli porno (aunque dudo que estuviera interesado), también lo es pensar que determinado contenido (no solo sexual sino violento, con lenguaje malsonante...) que puede estar presente en algunos videojuegos, tampoco es recomendable para todos los públicos.

Repartidas por todo el globo existen diferentes sistemas de clasificación de contenido para videojuegos que se encargan de avisar sobre el contenido incluido en un videojuego y establecen unas normas estándares sobre el público al que dicho contenido está recomendado. Vamos a ver a continuación cuáles son las más importantes:

PEGI

El sistema PEGI (Pan European Game Information) es el sistema europeo de clasificación de contenido de videojuegos.

En la mayoría de los países dónde se aplica es de carácter voluntario y normalmente no está respaldado por ninguna legislación. Esto quiere decir que no necesariamente todos los juegos que salgan al mercado deberán llevar la calificación PEGI, aunque prácticamente todas las compañías lo hacen, y que sus sellos son simplemente informativos pero no implican ninguna norma legal.

ESRB

El ESRB (Entertainmnet Sotfware Rating Board) es el sistema de clasificación vigente en EEUU, Canadá y México.

También es de carácter voluntario, pero prácticamente está extendido a todos los productos de software. Algunas cadenas comerciales incluso exigen a las compañías de videojuegos que sus productos estén etiquetados con ESRB o sino no se pondrán a la venta.

Otras

  • CERO (Computer Entertainment Rating Organization), vigente en Japón
  • ACB (Australian Classification Board), para territorios australianos
  • BBFC (British Board of Film Classification) estándar británico que también se aplica a películas aunque actualmente se encuentra en proceso de ser sustituido por PEGI en el sector de los videojuegos
  • USK (Unterhaltungssoftware Selbstkontrolle, algo así como Autocontrol en el Software de Entretenimiento) vigente en Alemania aunque también se está sustituyendo por PEGI

¿Cómo funcionan?

El proceso para obtener una etiqueta de rating es más o menos similar en todos los sistemas de clasificación.

El primer paso consiste en que el creador debe rellenar un formulario (con ciertas preguntas elegidas por un comité regulador propio a cada estándar de clasificación) sobre el contenido del videojuego. Esto es razonable, ya que nadie más que el propio creador conoce exactamente los entresijos de cada juego. Este cuestionario suele ser gratuito, aunque para ESRB se debe abonar una couta en función de los costes de producción del videojuego.

A través de este formulario se le otorga al producto una etiqueta provisional. Después, el producto deberá pasar por otros validadores formales que den el visto bueno a las respuestas dadas por el creador del videojuego y revisen sus respuestas si fuera necesario. Una vez pasado esta validación, se le otorga la etiqueta final al producto.


¿De verdad funcionan?

La pregunta aquí no es discutir si las etiquetas están otorgadas adecuadamente (si algún juego está calificado por encima o por debajo de otros de similar contenido) pues esto es materia de las agencias reguladoras que suelen ser imparciales y objetivas (dónde íbamos a parar si no xD). Ni tampoco empezar un debate sobre hasta cuando deberían llegar las recomendaciones y si deberían pasar a ser algo más que meros consejos; por ejemplo, si debería restringirse la venta de videojuegos por edades en función de su clasificación (esto nos daría para un post entero, o para veinte...).

La cuestión es si sirven para algo en la práctica. La idea es que son recomendaciones para que los padres estén informados sobre el contenido del videojuego al que están jugando sus hijos pero, ¿de verdad son conscientes? aun siéndolos, ¿les importa algo?


La respuesta a la primera pregunta suele ser que sí, que la mayoría de usuarios que compran videojuegos (he dicho mayoría, estoy seguro que aun habrá abuelas y abuelos por ahí que no tengan ni idea) sí que conocen el significado de las etiquetas de clasificación. El problema que da respuesta a la segunda pregunta es que, también la mayoría, pasa absolutamente de estas recomendaciones. Hay estudios que afirman que hasta un 90% de usuarios que conocen las recomendaciones no las tienen en cuenta.

¿En qué se traduce esto? Pues que la mayoría de los padres que compran juegos a sus hijos, conocen el contenido que les están proporcionando pero prefieren hacer la vista gorda. Así, no es raro ver niños de 10-12 años jugando online a juegos clasificados para mayores de 18.

¿Cuál es vuestra situación?

Para nuestros jóvenes lectores, ¿miran vuestros padres las recomendaciones sobre contenido y edades antes de compraros videojuegos? ¿os han puesto algún problema alguna vez?

Para nuestros papás y mamás lectoras, ¿miráis las etiquetas cuando regaláis videojuegos? ¿os pueden más las ganas del nene o nena de tenerlo que vuestras reservas para comprárselo?

Cuando yo era niño aun no existía la calificación PEGI, pero mis padres tampoco se preocupaban demasiado de los juegos a los que jugaba. Bueno, siempre que no fueran demasiado cafres. Recuerdo que siempre que jugaba al Carmaggedon cerraba la puerta del cuarto y lo apagaba rápido si escuchaba venir a mis padres xD Seguramente se hubieran escandalizado si me hubieran visto jugar a tan famoso jueguecito.


Para cuando sea padre, contaré con una ventaja respecto a mis papás: yo sí he jugado a videojuegos y, además, me encantan. No creo que haya que seguir a rajatabla todas las recomendaciones que estas agencias nos den, pero si que hay que tener un poco de sentido común y saber qué tipo de contenido es favorable para tu hijo y cuál no lo es tanto.

Primero jugaré yo a sus juegos y después decidiré si se los dejo o no. Aunque puede que si me vicie demasiado no acabe dejándoselo tampoco... animalito ;)

[El cartucho de relleno]: ¿Nos dejamos/dejábamos llevar por los instintos más primitivos con un pad entre las manos?

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¿Os parasteis a pensar en algún momento qué extraña fuerza, ya fuese exógena o endógena, nos llevó a cometer más de una locura en una competición videojueguil?, ¿quién no ha jugado una copa Konami sin que saltasen chipas alrededor?, esos combates de Soul Calibur ajustados en los cuales veías como tus opciones de ganar se reducian a la par de tu barra de vida, pero en un golpe de ingenio logras tirarlo del ring, saboreas un TOMA (a lo Rafa Nadal) mientras tu oponente queda con cara de pocos amigos y su único pensamiento es: "nunca me cayó bien, ¿se notaría mucho si al salir lo tiro por las escaleras?". Competir en comunidad tiene algunas contraindicaciones, intentaremos daros consignas a seguir para que la sangre no llegue al río...
Para comprobar hasta donde puede llevarnos el dejarnos guiar por nuestros primitivos instintos, sólo necesitamos ver al ya consagrado "Niño loco alemán", el cual por momentos te hace dudar en si debes reirte o en revisar las teclas de tu teclado por si alguna vez has pasado por un momento de locura transitoria.



Dependiendo de vuestra antigüedad/horas invertidas en este mundillo tendréis más o menos anécdotas y, sobre todo, influirá directamente en el juego utilizado. No son pocos los que aún recuerdan con una lagrimilla las apoteósicas batallas entre Ken y Ryu, hadouken tras hadouken íbamos mermando al contrario hasta que nos entraba el nervio del "le queda poco", ese golpe minúsculo que terminaría por encumbrarnos y que parece no llegar nunca...



Los shooters son otro género que encierra mucha competitividad y que puede generar un odio irrefrenable hacia las personas contra las que te enfrentas, de hecho puede darse el caso en el que de tu propio equipo salga el comentario: "tenemos un topo, repito, tenemos un topo".
Las burlas hacia el mal tirador también están a la orden del día con referencias del tipo: ¿eres manco?, los playmobils tienen más movilidad en la muñeca que tú, casi me das jeje, no llores más...
Aunque las citas más comunes son las de clase excusativa: ¡te he dado primero! no entiendo como estoy muerto yo, mi ratón tiene lag, es que con esta gráfica no hay quien juegue, eres un campero (presumiblemente de jamón y queso), en esta pantalla ese arma es un bug, con el bazuca yo también podría...
Por último tendríamos los gritos de guerra o victoria: el mítico ¡CHOTAZO!, TOMA TOMA TOMA, ¿ahora qué?, uuuuuuhhhhhhhh, síiiiiiiii, BBBBRRRRRRRRRRRRRR. Todos ellos con mucho fundamento en su onomatopeya, ¡cuánta riqueza lingüistica nos dieron los shooters!.
Por cierto, no intentéis hacer esto en casa, los actores están preparados para recibir el impacto y tienen todo bajo control, o no...



Fifa y PRO/PES son otros de los candidatos a encender al espírituo más pacífico de cuantos hayan jugado a videojuegos y es que en el fragor de la batalla, todo vale. Los hay de terror psicológico, una vez tras otra empieza a mermar tu capacidad de concentración con lloriqueos varios hasta que consigue percutir la meta que habías defendido con esmero antes de sus penurias variadas. Tenemos también los que, por mantener su honor (si tras esto se puede mantener), al finalizar el encuentro de una competición con 8 integrantes decidió lanzarse como alma que lleva el diablo a quitar la memory card mientras se guardaba el torneo para corromperlo (sí, es verídico). Algunos simplemente se dedican a crearse un equipo a medida en el que los fichajes no son suficientes sino que deciden que sus jugadores deben tener unas stats sobrehumanas.

Por cierto, ¿qué haríais si vuestra novia tuviese este mal perder?.



Ahora nos gustaría que comentárais las anécdotas curiosas, graciosas e inverosímiles que recordéis, pero sobre todo que nos respondáis: ¿te dejaste llevar por la euforia o eres de los que no tienen más remedio que expulsar su ira?.

[El Cartucho de Relleno] Resultados de la encuesta Consolas de 4ª generación: Mega Drive

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Hoy en El Cartucho de Relleno os mostraremos los resultados de nuestra primera encuesta en la que os preguntábamos cuál fue vuestra consola de 4ª generación favorita. Si habéis seguido la evolución de los votos durante esta semana ya os podíais hacer una idea y por la cabecera ya lo podréis saber: la ganadora es Sega Mega Drive.

Como os prometimos, y en recompensa de aquellos que hayáis apoyado a vuestra consola favorita, a continuación os ofrecemos un post muy especial sobre esta gran consola. ¡Seguid leyendo si queréis saber más!

Lo primero, os enseñamos una gráfica de cómo han quedado los resultados de la encuesta:


Casi un 60% de nuestros usuarios han considerado a Mega Drive como su consola favorita, frente a un 20% que prefería a SNES y otro tanto que no se ha podido decidir por ninguna de las dos. Muy poca acogida para Neo Geo y tampoco ningún voto para aquellos a los que no le gustaba ninguna... si es que somos todos unos frikis :P

Sin más os dejo con nuestro post especial resumen de la consola ganadora: Sega Mega Drive.

Un poco de historia

La consola Sega Mega Drive fue lanzada en noviembre del 1989 en Japón y un año más tarde en Europa y Norte América, en esta última zona bajo el nombre de Sega Genesis por problemas de licencias.

En Europa fue la primera consola de 16 bits en salir al mercado ya que no hubo conversión PAL para la TurboGrafx-16, que vio la luz entre los años 1987 y 1989 en Japón y EEUU.


Por regiones tuvo una acogida dispar. Mientras que en Europa fue la consola más vendida de su generación con más de 8 millones de unidades, en Japón apenas tuvo repercusión y en EEUU siempre se mantuvo a la cola de su principal competidora, SNES.

Fue precisamente esta diferencia de éxito entre regiones la que propició su fin, allá por los años 1994-1995. En Europa seguía siendo un total éxito y en EEUU aguantaba el tipo frente a SNES, por lo que Sega América estaba implicada en el desarrollo de su último periférico: 32X. En cambio, Sega Japón ya estaba poniendo toda la carne en el asador con tal de darle un relevo con su nueva consola: Saturn. Por esta razón, y aunque Sega Mega Drive seguía en la cresta de la ola, sus desarrollos se pararon para dejar paso a su hermana mayor.

En total fueron más de 40 millones de consolas vendidas, según las estimaciones más optimistas ya que Sega nunca ofreció datos oficiales. Para que os hagáis una idea, Sony tardó más de 4 años en colocar 40 millones de PS3 y, como todos sabéis, ya son otros tiempos.

Versiones y periféricos

La consola original traía de serie un mando con tres botones A, B y C. Posteriormente, y tras la salida del juego Street Fighter II, empezó a comercializarse un mando con 6 botones que algunos otros juegos también aprovecharían.

Al ser sus tripas compatibles con su hermana pequeña, Master System, se distribuyó un adaptador que permitía cargar los cartuchos de esta última. Fue un periférico con poca acogida.


Posteriormente, recibió una actualización: Sega Mega Drive II, que incorporaba tan solo cambios a nivel externo pues era un poco más pequeña y a nivel de fabricación haciéndola más económica de producir.

Los periféricos que realmente se hicieron famosos para Mega Drive, y no precisamente por su éxito fueron Mega CD y 32X. El primero aumentaba la potencia de la consola y funcionaba con juegos en formato CD. El segundo, ampliaba la capacidad de Mega Drive para convertirla en una consola de 32 bits.

Por desgracia, todo se quedó en números y buenas intenciones. Su escasa distribución y pobre acogida en ventas y el poco apoyo de las desarrolladoras a la hora de publicar juegos para ambos periféricos, los llevaron inexorablemente al fracaso. Además, sirvieron para manchar la imagen de Sega de cara a sus consumidores ya que fue, en muchos casos, acusada de vender su nueva consola, Sega Saturn, por partes (Mega Drive + Mega CD + 32X) para luego dejar tirados a sus usuarios.


A parte de estos periféricos y versiones, tuvo algunas otras más: Sega MultiMega que incorporaba Mega Drive + Mega CD en un tamaño compacto o Sega Nomad, versión portátil de la consola que solo vio la luz en Norte América.

Juegos

¿Qué sería de una consola sin juegos? ¡Jeje! Pues Mega Drive los tuvo, muchos y muy buenos.

Quizá su mayor aportación al mundo de los videojuegos en materia software fue el principio de la saga Sonic. Sonic The Hedgedog, Sonic 2, Sonic 3, Sonic Pinball y Soni & Knuckles vieron la luz para esta consola. Para muchos, fue la época dorada de Sonic.


Pero no solo de Sonic vivió Mega Drive. También será recordada por sus grandes conversiones de sagas Arcade: Double Dragon, Fatal Fury, Golden Axe, Mortal Combat o Streets of Rage son algunos ejemplos.

Además, gracias a acuerdos de licencias con EA, las mejores versiones de sus simuladores deportivos fueron las lanzadas en Mega Drive: FIFA, Madden NFL, NBA Live o NHL, por citar algunos.

Yo, por mi parte, recuerdo algunos muchos otros buenos juegos que espero analizar algún día ;)
  • dos clasicazos de Disney: El rey león y Toy Story
  • dos monstruosos RPGs: Soleil y Story of Thor
  • el divertidísimo Micro Machines
  • y otro al que jugué mucho mucho mucho: SpeedBall 2, una especie de juego futurista de balonmano que me tenía enganchado

Conclusiones

Para terminar, daros a todos las gracias por participar y apoyar a vuestra consola favorita. Todas las consolas de 4ª generación fueron enormes consolas. Ya lo dejé caer en algún comentario: yo tenía la Mega Drive, pero no dejaba escapar la ocasión de irme a casa de un colega a jugar a su SNES.

Ambas consolas marcaron una etapa en mi vida y me dieron muchos buenos momentos. ¡Espero que a vosotros también!

[El Cartucho de Relleno] Encuesta: Consolas de 4ª generación

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Siguiendo con nuestro momento retro de ayer y aprovechando para estrenar nueva sección, desde El Cartucho Contraataca queremos plantearos la siguiente encuenta: ¿cuál fue vuestra consola de 4º generación favorita? Os invitamos a participar a todos, podéis encontrarla en la barra de la izquierda.

A continuación os haremos un pequeño resumen de lo que fue la cuarta generación de videojuegos, sus consolas más relevantes y sus juegos más estelares. Un poquito de historia que nunca viene mal ;)

También conocida como la era de los 16 bits, la 4ª generación de consolas dio comienzo en 1987 con la salida de la NEC PC Engine (TurboGraf-16 en EEUU). No os preocupéis sino la conocéis pues nunca llego a ver la luz en nuestras tierras. Su final quedó marcado por la salida de las consolas de 32 y 64 bits: Sony PlayStation (1994), Sega Saturn (1994) y Nintendo 64 (1996).

Por la que todos conoceremos a esta generación fue por ser el segundo asalto de la guerra de mercado que comenzaron Nintendo y Sega en la generación anterior con sus consolas NES y Master System respectivamente. Fue la generación de la batalla entre Super Nintendo y Mega Drive. Aunque también hubo una última invitada: la Neo Geo de SNK, muy superior técnicamente a las dos anteriores pero cuyo precio y poca distribución la dejaron relegada a una más que honrosa tercera posición.


Pero, a parte de consolas, también fue una gran generación para el software. Fue el comienzo una de las grandes sagas de toda la historia de los videojuegos: Sonic The Hedgedog. Ahora en decadencia, Sonic empezó sus andaduras con Mega Drive en un intento de Sega de plantar cara al imparable fontanero de Nintendo.

Y no solo de nuevas sagas vivió esta generación, muchas de las sagas que habían arrancado en la generación anterior sufrieron un salto de calidad que las auparon hasta cotas insospechadas y que las convirtieron en todo lo grande que son ahora. Por citar algunos ejemplos, la 4ª generación de consolas recibió juegos como: Super Metroid, Dragon Quest V y VI, The Legend of Zelda: A Link to the Past, Final Fantasy IV, V y VI y Street Fighter II, por citar algunos.

Volviendo al hardware, también fue una generación que destacó por sus periféricos. Mega Drive fue la más perifericodeada con Mega CD primero y 32X después, y también la más criticada. Nintendo también se sacó algunos de la manga como su Super Game Boy (que permitía jugar a los juegos de Game Boy en la tele de tu salón).


Pero, a parte de hardware o software, la cuarta generación de consolas significó un paso muy importante en la industria de los videojuegos. Fue la consolidación de lo que se inició con NES y Master System, la confirmación de que estaba empezando algo grande en el entretenimiento interactivo. A partir de esta generación, muchos fabricantes empezaron a mirar a la industria con otros ojos y empezaron sus planes para lanzar sus propias consolas en el futuro. Pero eso es otra historia. Bueno, otro post.

Sin más preámbulos os invitamos a todos a participar en nuestra primera encuesta. El plazo está abierto desde hoy hasta el martes de la semana que viene. El miércoles, día 23, publicaremos los resultados y realizaremos un reportaje especial sobre la consola más votada. Así que ya sabéis: ¡votad, votad!